Derechos de los animales no-humanos podrían ser la base para sociedades más justas

Sociedades

“A veces me preguntan: ¿por qué inviertes tanto tiempo y dinero hablando de la amabilidad para con los animales cuando existe tanta crueldad hacia el ser humano? A lo que respondo: Estoy trabajando en las raíces” George Thorndike Angell

Sin duda todos los días escuchamos espantosas noticias sobre el trato que seres humanos dan a otros seres humanos: homicidios, violaciones, abuso en todas sus formas, homofobia, discriminación por origen étnico… siendo así, no es de extrañarse que la gente dirija su atención hacia estos problemas y minimice otros actos de violencia perpetrados hacia otras especies. Sin embargo, atender solo los problemas que son específicos de la especie humana es atacar el síntoma pero no la causa. Es decir, si usted usa unos zapatos muy apretados, probablemente sentirá dolor, puede tomar algún fármaco para aliviar, pero en realidad el dolor no desaparecerá. Lo mismo sucede con la violencia, pensar en atender los actos violentos solo desde la perspectiva humana es tratar el síntoma porque la causa es más profunda.

Es la misma sensación si estrangulas un animal o una persona. Ya has sentido la presión en el cuello mientras intentan respirar. Estás estrujándoles la vida a esos animales y no hay mucha diferencia. Lucharán por sus vidas igual que lo hará un ser humano. Llega un momento en que matar ya no significa nada. Ya no me interesaban los animales y empecé a buscar víctimas humanas. Lo hice. Maté y maté hasta que me pillaron. Ahora pago por ello durante el resto de mi vida. Deberíamos parar la crueldad antes de que se transforme en un problema mayor, como yo. (Keith Jesperson Hunter, asesino en serie, citado por Querol, 2008).

A lo largo de la historia, bajo argumentos religiosos y especistas (lea más acerca del especismo) los seres humanos nos hemos considerado diferentes y superiores a los otros animales, pero en realidad somos parte de un todo, somos parte de un sistema natural y lo que le hacemos a ese sistema al cual pertenecemos nos lo hacemos a nosotros mismos como especie.

Cuando contaminamos los ríos, los suelos, el aire, nos contaminamos a nosotros mismos, porque somos parte de este sistema, un solo sistema. Cuando explotamos, usamos, torturamos y matamos a los animales no humanos nos lo hacemos a nosotros mismos, porque somos parte del conjunto de especies que forman este planeta. Cuando se pasan por alto comportamientos crueles hacia los animales, la sociedad puede minimizar también otros tipos de violencia y sociopatías en personas adultas (del Águila, 2016).

Desde 1975, con la publicación de su libro Liberación Animal (disponible digital en la siguiente dirección: http://www.animanaturalis.org), Peter Singer, uno de los filósofos contemporáneos más importantes, nos explica cómo el especismo (lea más acerca del especismo) es semejante al racismo, sexismo y otros marcos de pensamiento que justifican la violencia en cualquier sociedad y en cualquier época.

Así, podemos encontrar argumentos o frases que tratan de explicar la inferioridad del grupo discriminado, que puede ser desde lo religioso (“los animales no tienen alma”) o desde lo biológico (“el cerebro de las mujeres es diferente al de los hombres, por eso les cuesta la matemática”).

De ahí la justificación de crímenes realizados a personas con diferente color de piel, procedencia étnica, preferencia sexual, crímenes realizados a mujeres solo por el hecho de ser mujeres o a animales de diferentes especies solo por ser de una especie en particular.

La ciencia, la tecnología así como nuestro sentido común, nos han permitido conocer que los animales no-humanos, al igual que nuestra especie son capaces de concebirse a sí mismos como un ser que existe, que buscan bienestar, que evitan el dolor físico y emocional, que tienen recuerdos y por lo tanto aprenden, que sueñan mientras duermen, que forman vínculos afectivos con otros individuos de su propia especie y de otras especies, y que sufren cuando son separados de estos sujetos con quienes se vincularon.

Si ignoramos estos hechos y le pagamos a otra persona para que se convierta en nuestros sicarios (porque la mayoría de las personas no tenemos la capacidad de mirar a los ojos a un animal, luego cortarle la garganta, colgarlo de unos ganchos para que se desangre, y sacarle las tripas cuando todavía está vivo) ¿cómo vamos a exigir una sociedad de justicia si nos aprovechamos de la necesidad económica de nuestros congéneres para que hagan el trabajo sucio por nosotros?, ¿cómo vamos a hablar de paz si nuestros platos están llenos de violencia?, ¿cómo vamos a crear hogares coherentes y compasivos si utilizamos a nuestros animales “domésticos” como máquinas reproductoras de otros seres vivientes para sacar provecho económico de la venta de sus hijos sin considerar que el cuerpo de estos animales no-humanos solo les pertenece a sí mismos y no a quienes los explotan?, y si no creamos hogares coherentes ¿cuál será la base de nuestra sociedad?

Sin duda alguna hoy traemos libremente a discusión un tema que hace años podría parecer un chiste, la base de la violencia social está sostenida y justificada por la violencia a otras especies, hasta que no tratemos el problema de raíz, seguiremos sufriendo sus síntomas.

Referencias:

Martínez, B. (03 de marzo de 2016). La crueldad hacia los animales afecta a todos. Prensa Libre. Recuperado de http://www.prensalibre.com

Singer, P. (1999) Liberación Animal. Editorial Trotta, S.A. Recuperado de http://ala-liberacionanimal.org

Querol-Viñas, N. (abril, 2008). Ética Animal. Violencia hacia animales por menores ¿cosas de niños?. Revista de Bioética y Derecho, 13, 12-28. Recuperado de http://www.ub.edu

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